Pregón de 1991

8 de abril de 2007 Documentación

DOCUMENTOS
DE INTERÉS PARA 

GUÍA DE GRAN CANARIA

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE LA
VIRGEN AÑO 1991


por
  SANTIAGO
BETANCORT BRITO

             Antes que nada, mi
homenaje  de gratitud a quienes, rebuscando en archivos, estudiando
viejos papeles y fieles notarios de la historia y las leyendas
transmitidas de generación en generación, han permitido que esa luz que
empezó a brillar en la última década de 1.400, siga encendida e
iluminando el camino y el prestigio de una ciudad que nunca puede
renunciar a su aportación valiosa al engrandecimiento de Canarias, y que
ha de seguir andante –sin precipitaciones- hacia aquel futuro que, a
modo de compromiso, convirtió en profetas a quienes fueron sus
fundadores.

             Néstor
Álamo, Miguel Santiago, Pedro González Sosa, Juan Francisco Martín y
otros muchos estudiosos anónimos y aparentemente desconocidos, cuyos
testimonios han recuperado viejos legajos, noticias que corrieron de voz
en voz y serias investigaciones, son personas que, a nuestro juicio –por
derecho propio, por su dedicación y amor a Santa María de Guía y a la
historia–; han de conceptuarse como protagonistas de un rescate
valiosísimo de unos hechos qua a lo largo de cinco siglos, han sido
trascendentales en el pasado, presente y futuro de esta ciudad. A ellos,
sin duda alguna, nuestro reconocimiento.

 GUÍA: QUINIENTOS
AÑOS DE HISTORIA

             Y también hemos de ser agradecidos ante
quienes hoy, en el seno de las Casas Consistoriales, rigen los destinos
de esta población. Nunca soñamos con ser tan protagonistas de un pregón,
con connotaciones históricas y definitivas en el nacimiento de Santa
María de Guía. Gracias a su invitación -señor alcalde y miembros de la
Corporación Municipal y de la Comisión de Festejos- en estos momentos
podemos señalar una efeméride que, quizá, algo olvidada, es fundamental
para cuantos llevamos con orgullo el ser nacido en esta tierra.

             Hoy,
siete de agosto de 1.991, es la víspera. Remontémonos quinientos años
atrás y saquemos conclusiones. Siete de agosto de 1.941. Junto a la
loma, y en el gran Valle de las Garzas, cercado por el hoy volcán
extinguido de la Montaña de la Atalaya y la Tierra Blanca que encabeza
la zona de medianías de nuestro término municipal, al Noroeste de la
recién conquistada isa de Gran Canaria, se cumplen 4 años del
asentamiento de Juan Bautista de Riverol, protagonista de la sonada
escisión del que había sido poderoso reino aborigen de Gáldar. Testigos
directos de aquella “rebelión” fueron Fernando de Montemayor, Marentes,
Esteban Zambrano, Francisco López, Juan de Ceverio, el cronista Pedro de
Argüello, Gonzalo de la Rojana, Francisco de Porras, Ruy González Verde,
Rodrigo de Vara, Juan Rodríguez de la Caña, Gonzalo de Aguilar y,
principalmente, Sancho de Vargas y Machuca, todos ellos radicados en el
Valle tras los repartimientos de la Conquista. Si desde su Tierra Blanca
– hoy, Ingenio Blanco-, los Riveroles extendieron la semilla de algo
distinto de lo que entonces era ya el exreino de Guanarteme, que dominó
todo el extremo-norte, fue Sancho de Vargas quién redondeó la
iniciativa. Ocho días más tarde de aquel siete de agosto de 1.491 –como
así puede desprenderse de las investigaciones realizadas hasta ahora-,
el ilustre castellano levantaba una ermita bajo la advocación de Santa
María de Guía, floreciendo pujante años más tarde nuestro municipio.

 DEFINIR LA FECHA DE 15 DE
AGOSTO DE 1.491

         Paréntesis
obligado, que trata de confirmar la fecha del quince de agosto de 1.491
como la del nacimiento de Santa María de Guía, no es sólo recordar la
lápida que preside nuestro templo parroquial, colocada a principios de
siglo. Néstor Álamo recoge, en una de sus innumerables investigaciones
sobre el origen de nuestra ciudad, que en 1.494 –dos años más tarde de
la efeméride que contamos- cuando el Adelantado Fernández de Lugo partió
a la conquista de la isla de Tenerife, dejó fundada la ermita y villa de
Santa María de Guía, instituyendo su fiesta el quince de agosto.

             Francisco Morales
Padrón, da otra interesante pista que justifica la existencia de Guía en
1.492, cuando habla de la compañía que Fernández de Lugo formó, con
Florentino Berardi y el genovés Francisco de Riverol, afincado en Guía,
quién además cedió dinero a Cristóbal Colón para su cuarto viaje a las
Indias.

             Estos dos datos,
donde el Adelantado es el principal protagonista, coinciden también –y
son fundamentales para determinar la fecha del nacimiento de la ciudad-
con la aportación que hace el investigador Vicente Sánchez Araña, al
referirse a un antiguo propietario de Guía, que vendió sus tierras para
aportar dinero a Fernández de Lugo en su campaña de la conquista de
Tenerife y le acompañó como capitán de una de sus compañías.

             Miguel
Santiago, en su trabajo “Como nació y prosperó un pueblo: Santa María de
Guía”, mencionó también su origen, tras la escisión de un grupo de
habitantes de Gáldar, a partir de 1.485, dos años después de la
conquista de Gran Canaria. Y abunda en otros razonamientos, con
documentos propios de una exhaustiva investigación periodística, nuestro
entrañable colega y cronista oficial de la Ciudad, Pedro González-Sosa,
que en uno de sus libros recoge varias noticias sobre la fundación,
entre ellas el envío de madera desde Tenerife para terminar la ermita,
precisamente cuando Fernández de Lugo realizaba allí su campaña, para
concluir: “Esta y otras opiniones hacen aproximar la fecha de 1.500 a la
de 1.491 –15 de agosto–, que aparece como la de la construcción” de la
ermita que levantó Sancho de Vargas y Machuca, el fundador de la ciudad,
bajo la advocación de Nuestra Señora de Guía.

 EL VIEJO HOSPICIO Y SOR
CATALINA DE SAN MATEO

         Quinientos años
que enorgullecen y arrancan raíces vivas que aún pueden contemplarse en
cualquier rincón de la ciudad. Medio milenio para una historia jalonada
de personajes y hechos que hoy pretendemos cantar en estas sencillas
líneas, a modo de invitación al recuerdo, a la conmemoración, a la
fiesta y al reconocimiento.

             Y es que, cuando se
palpa, está vivo. Están vivas estas viejas paredes del centenario
Hospicio que sirvió de cuna a uno de los personajes más distinguidos que
ha dado la ciudad. Huellas franciscanas en un sabroso edificio –relegado
durante tiempos a almacén y cárcel-, donde nació Sor Catalina de San
Mateo, cuyo proceso de beatificación quedó frustrado por una abúlica
burocracia, lenta descuidada e inexplicable, que ya existía en aquella
época.

             Cuentan los
cronistas que reflejaron la vida de Sor Catalina de San Mateo –nació en
1.646 y murió en olor de santidad en 1.695- que tanta fue su fama, que
llegó hasta la Cámara Real, o sirvió para vecinos de los altos de Guía,
Moya y otros rincones de las medianías, como intercesora ante Dios, pues
en aquellos tiempos llegaron a ofrecerse misas a la venerable Sor
Catalina, pidiéndole fertilidad en los cultivos, salud para la familia y
otros beneficio.

             El libro quinto de
Cartas del Tribunal de la Inquisición de Canarias recoge una interesante
versión de Fray Diego de Alfonso, natural de Los Palmitales y guardián
del viejo y derruido Convento de San Francisco de la Vega de Gáldar,
donde comenta que con ocasión de unas rogativas organizadas en la
entonces villa de Santa María de Guía para que Dios diese sucesión al
Rey, la religiosa, a través de una revelación, sabía que este hecho iba
a producirse, que Su Majestad  iba a tener sucesión. “Y para que el
príncipe se lograse –escribían los inquisidores en la narración de la
revelación de Sor Catalina-, éste se habría de criar sin ostentación,
con vestidos honestos y debajo de la tutela y protección de los Santos
Mártires de Marruecos, que están en Portugal; que ese hijo era más de la
gracia, que de la naturaleza; y que, luego se supiese que la Reina
Nuestra Señora estuviera encinta, participare esto a los oidores, en
nombre de dicha religiosa, para que lo pusieran en noticia a Su
Majestad”.

             Quinientos años de
historia y un viejo hospicio que redondeó la devoción mariana de Santa
María de Guía, cerrado en 1.735, y que, sin duda, una vez restaurado,
podrá servir como punto de partida para un fortalecimiento de la
actividad cultural en la ciudad, de la que tan necesitadas están las
nuevas generaciones.

  LOS HOMBRES QUE DIERON
PRESTIGIO

            Avanzamos en el
tiempo. Guía había nacido y, de una forma increíble, cada paso en los
años es una piedra más en los cimientos de una historia rica en
personajes, que enorgullecen a la ciudad y que han sido sonados
valedores del engrandecimiento de Gran Canaria. “Poetas, escritores,
eclesiásticos, militares y otros guienses ilustres -escribía Sánchez
Araña-, que hacen larga la lista de hombres a quienes la historia rinde
homenaje de admiración.

             Y, esa misma
admiración, ese reconocimiento y sincero homenaje, son cuestiones que, a
modo de recordatorio –sólo con la intención de que la ciudad de Guía se
decida de una vez perpetuar a los hombres que le dieron grandeza-, vamos
a tratar de resumir en estas líneas de invitación, en la seguridad de
que serán muchos los que se queden atrás –unos por suficientemente
conocidos y otros por el lamentable olvido de quienes debieron dar a
conocer la historia- y que han de recuperarse –estos últimos- a través
de iniciativas generosas de la Corporación que preside el Municipio.

             Guía nace y crece
con nombres y apellidos. Y si recordamos a Sancho de Vargas, bien
patente quedó para la historia el gesto de Lope Hernández de la Guerra,
que entregó al Adelantado Fernández de Lugo los 16.000 ducados que cobró
por el traspaso del primer ingenio de azúcar de la zona –dinero que fue
utilizado en la conquista de Tenerife –y se enroló en el Ejército domo
capitán de armas, poniendo así un hito glorioso en los anales de esta
ciudad.

             Militantes heroicos
no pueden olvidarse en Melchor de Aguilar, que con milicianos guienses
defendió con ejemplar comportamiento y bravura el Fuerte de Santa ana y
el Cerro de San Francisco, cuando el pirata holandés Ban der Doez atacó
la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, con unas poderosas fuerzas
integradas por 73 navíos y trece mil hombres, el 26 de junio de 1.599.

             Y olvidamos, sin
perpetuarlo para futuras generaciones, a Adrián de Bethencourt y Franchi,
del linaje del conquistador Juan de Bethencourt, conceptuado como uno de
los héroes que ha dado la ciudad, quien a partir de 1.685 formó parte de
los Tercios de Flandes y, algo más tarde, tras importantes proezas, en
1.706, llegó a capitán de la guardia de Su Majestad Felipe V.

             Martín de Zerpa,
primer capellán de la ermita construida por el fundador Sancho de
Vargas; Fernando Alonso de la Guardia, el primer alcalde de Guía; Gaspar
de Quirós, que llevó la primera parroquia, o el sexto obispo de
Canarias, Luis Cabeza de Vaca, quien obtuvo del emperador Carlos V un
cáliz de plata como regalo para la nueva parroquia, que fue vendido a
finales del pasado siglo junto a otras joyas de alto valor artístico e
histórico, para pavimentar con mármol el templo parroquial, según cita
en uno de sus trabajos el cronista oficial de Gran Canaria, Néstor
Álamo, son personajes que no pueden dormir en el olvido de generación en
generación. Y también es preciso perpetuar, porque es de bien nacidos
ser agradecidos, la memoria del genovés Batista de Riverol, que se
instaló en la zona que luego ocuparía Guía en 1.487 y cuya familia
redondeó su protagonismo en la escisión de Gáldar, permitiendo que hoy
podamos ver a nuestra patrona, la Virgen de Guía, representada en esa
imagen que preside cuantos acontecimientos han transcurrido  a lo largo
de los casi quinientos años de historia de la ciudad.

               El crecimiento de
Guía a través de sus personajes, -salpicado por el gran estilo de quién
ha sido primer imaginero de las islas –José Luján Pérez-, por la
incómoda y crítica poesía de Rafael Bento y Travieso, o por las altas
miras políticas del que llegó a ser presidente de las Cortes de Cádiz
–Pedro José Gordillo y Ramos-, que combatió la abolición de los señoríos
y ha sido el precursor del aún hoy polémico pacto social-, precisa
arrancar de los herederos de tan importantes valores –insistimos—el
reconocimiento y el recuerdo permanente como ejemplo a futuras
generaciones.

             Nombres como los
citados, a los que podríamos añadir otros muchos, deben figurar con
letras de oro en calles, plazas y rincones de este término municipal.
Guía tiene deudas pendientes y debe recuperar aquellos viejos rótulos de
sus vías sustituidos en las distintas etapas políticas que ha atravesado
en su historia y que injustamente han sido utilizadas par borrar y
olvidar a quienes han dejado un legado espiritual importante en la
ciudad.     

            Un solo ejemplo
bastaría como botón de muestra, si nos referimos al caso del Beneficiado
Herrera, un dominico que abandonó la Orden para laborar a favor de la
cultura de este municipio, que generosamente recibió el nombre de una
calle, siendo sustituido por Franchy y Roca tras la República del 31,
nombre éste último que también desapareció.

             Nombres como los de
Manuel Pérez Rodríguez, fundador de la Escuela Normal de Magisterio de
Las Palmas e impulsor del Hospital de San Roque; José de Aguilar, que
también colaboró en la implantación de este centro sanitario junto a
Santiago González Martín; José Blanco Hernández, cuya labor en la salud
del municipio fue patente a través de intervenciones que fueron
adelantadas de la medicina moderna; no pueden ser olvidados por quienes
ahora podemos sentir con orgullo el haber nacido en esta tierra.

 LA SEMILLA DE LA ENSEÑANZA: EL
“SANTA MARÍA”

            No fue casualidad
que, hace unos días, llegara a mis manos el acta fundacional del Colegio
Santa María de Guía, a mi juicio el principal reactivador de la
formación de las actuales generaciones en la ciudad. A través del
documento y las conversaciones mantenidas con algunos de los
protagonistas de aquel importante logro para la enseñanza en la ciudad,
hemos podido conocer el esfuerzo de más hombres que permanecen en el
olvido y que precisan el reconocimiento público de los guienses por lo
que el centro significó. 

            Nos van a permitir,
porque consideramos que los datos merecen conocerse, que nos detengamos
un poco en lo que, entre los años 38 y 39, representó para el pueblo de
Guía de Gran Canaria una aventura jalonada por el esfuerzo de un pequeño
grupo que luchó en todos los frentes hasta conseguir un centro de
Enseñanza Media para la ciudad. Con los antecedentes y la tradición de
una academia, entonces regentada por Bernardo Domínguez, un equipo
integrado por el doctor José Blanco Hernández, Luis Pérez Silva, Elpidio
Galván, Fortunato Estévez, el coadjutor José Rodríguez Rodríguez y
Francisco Ayala –el flamante alcalde de la solapa bien llevada–,
hicieron una primeras gestiones para traer a la ciudad una orden
religiosa, dedicada a la docencia, estableciendo contactos con los
hermanos de La Salle y los Jesuitas. Se sumaría a tan destacada comisión
José Samsó, con la promesa de hacer gestiones en la Península con otras
órdenes. El intento no dio resultado y, en una segunda comisión, Manuel
Pérez Millán, Rafael Velásquez, Blas Betancort, José Quintano y José
Rodríguez –este último, gran impulsor de la iniciativa–, hablan con
varios licenciados tras encontrar un local y, finalmente, ofertan a
Francisco Zumbado Espino hacerse cargo de la organización del centro,
hasta tal punto que él sería el único que cobraría y, los restantes
profesores de la localidad, laborarían gratuitamente.

             Las siete mil
pesetas anuales que exigió el licenciado Zumbado abortaron este segundo
intento. “Hecho el cálculo de los ingresos posibles –dice el acta
fundacional, firmada el 26 de octubre de 1.939—se vino en conocimiento
de que apenas daban escasamente para pagar al licenciado”. Sin embargo,
no desfallecieron. Surgió la tercera y última etapa, tampoco exenta de
complicaciones. Zumbado pedía un aval anticipado que le garantizara el
cobro de las siete mil pesetas y nadie se comprometió a la firma. “Ante
esta dificultad de orden insuperable –leemos en el acta—se estimó por
todos, a excepción de Juan Izquier Monagas, la lamentable consecuencia
de abandonar el asunto, quedando con ello desligados de todo compromiso
anterior solidario y mutuo. Se dieron por culminadas unas gestiones
comenzadas en julio de 1.938”.

             Pero el colegio
nació, Izquier Monagas propuso al coadjutor José Rodríguez que, aunque
no recibiera ni un céntimo de remuneración, o hubiera que poner dinero,
con tal de que la ciudad pudiera tener, al fin, un colegio, él asumiría
personalmente la firma del aval y el pago al licenciado, a lo que se
unió posteriormente José Quintano. Desde ese instante, los tres citados
toman s su cargo y responsabilidad organizar unas clases particulares de
Enseñanza Media y de Primera Enseñanza. Más tarde, junto a Vicente Barea
Mota, el colegio Santa María de Guía iniciaba su gran andadura, hasta
que en septiembre del 54 pasaba a depender del Ayuntamiento y, algo
después, fundado el Instituto Laboral –ahora convertido en Instituto
Nacional (ostra gran aspiración por la que se luchó desde los años
30)–, desaparecería.

             Por sus aulas
pasaron notorios estudiantes, hoy grandes profesionales distribuidos por
toda la Región y fuera de nuestras fronteras. Hacia todos ellos, el
recuerdo de quien tuvo la oportunidad de formar parte de la última
promoción del centro.

 

            Sin embargo, no
hemos podido sustraernos, en el momento de hablar del Colegio Santa
María de Guía, de dar a conocer dos detalles muy divergentes y que, en
justicia, deben quedar hoy claros en este pregón que no es más que una
reveindicación sobre nuestros personajes.

             Lo curioso y
anecdótico: quienes fueron primeros alumnos del centro. Pidiendo
disculpas a quienes no mencionemos, porque la lista es numerosa,
reconocemos entre ellos a Victoriano Fernández Oliva, los hermanos
Rodríguez Quintana, el exalcalde José Carlos González Ruiz, los también
hermanos Flora y Bonifacio Rodríguez Rodríguez, Fernando Saavedra
Galván, José Díaz Calcines, el procurador Julio Ayala, los hermanos
Augusto, Honorio y Alberto Hernández Rodríguez, Blanca Padrón León, José
Sosa Falcón, Rosario León Russo o Juan Blanco Hernández. Nacía el Santa
María con vocación de atender a la zona –se reconocen nombres de vecinos
de distintos términos municipales—y así se mantuvo hasta su extinción.

             Es, si cabe, la
pequeña anécdota. La reivindicación, la exigencia a nuestras
autoridades, es el reconocimiento a quienes, con su esfuerzo personal,
lograron que Guía fuera pionera en la Enseñanza Media en el interior de
la isla de Gran Canaria.

 UNA CRISIS QUE TIENE MUCHOS
PRECEDENTES

            Estamos en 1.991,
quinientos años después. Atrás quedan hechos que engrandecieron a Santa
María de Guía. Quedaron esos personajes que destacaron en todos los
ámbitos sociales y convirtieron la ciudad en la antesala de la cultura y
progreso canarios. Sin duda, no es el momento de dar la espalda a la
historia y la ocasión es propicia para tomarla como ejemplo, para soñar
con ella y recordar a un pueblo que, venciendo todas las dificultades,
emergió pujante desde su nacimiento gracias al esfuerzo y tesón de
quienes aportaron sus conocimientos para mantener el prestigio y ese
lema de Estrella y Guía de Gran Canaria que bien se lee en su escudo
heráldico.

            Guía siempre ha
estado luchando. Repasar los siglos de su historia arroja páginas
plagadas de hechos significativos. Sin embargo, como bien decía en el
año 71 el investigador Miguel Santiago –aun están sin recuperar para la
ciudad sus valiosísimos trabajos en poder del Cabildo Insular de Gran
Canaria—“parece como si hubiese dormido en los laureles y se haya
quedado estática y sin deseos de mejor progreso”.

             La que ahora padece
no es la primera crisis, ni tan siquiera la más importante. A lo largo
de los siglos, la ciudad ha alternado su engrandecimiento con continuos
embates que, conocidos, hacen que la miremos con la cruda realidad del
presente y esperanzas de cara a un futuro. Fue pionera con las mejores
viñas de la isla y los ingenios de azúcar, que cayeron, dieron paso a la
cochinilla y luego a las plataneras, para en la actualidad debatirse
nuestra agricultura entre una sequía que no es nueva y la incertidumbre
de los cultivos alternativos.

             Como auténticas
plagas, Guía recibió los azotes del “vómito negro”, en 1.750; la
viruela, años 1.758 y 1.780: el cólera morbo, en 1.851; o la fiebre
amarilla, responsable del 68’9 por ciento de los fallecimientos entre la
población en el año 1.811.

             No se libró de la
langosta, en los años 1.757, 1.782, 1.811 y también en nuestro siglo,
recogiéndose en las crónicas que fue en 1.757 cuando la población
ofrecía “misas, pláticas y exorcismos” para ahuyentar de sus tierras el
devorador insecto africano. (Sería interesante que, los investigadores,
ahondaran mucho más en las crónicas de entonces, a fin de lograr el
verdadero origen de las Fiestas de las Marías, sobre el que aún hoy no
terminan de ponerse de acuerdo).

             La sequía, los
fuertes calores del verano y las plagas de cigarras, arruinaron muchas
veces los campos guienses, recuperados muchas veces gracias al
sacrificio de nuestros agricultores y ala generosidad del cielo que allá
por el año 1.808, dio uno de los mejores inviernos que vivió la zona,
“con abundantes lluvias, vientos, nieves y tempestades”, como señalaban
las crónicas de entonces.

            La emigración, que
saltó con fuerza allá por el año 1.755, fue el reflejo de las crisis que
sufrió la ciudad a lo largo de su historia. Mucho más insistente, con
puntos de destino generalmente a Cuba y luego, a Venezuela, entre los
años 1.849 y 1.860. El Archivo municipal recoge detalles concretos y
contabiliza, en aquella época 493 emigrantes de Guía, de los que 331
habían abandonado la localidad en familias. Si tenemos en cuenta que las
cifras descritas se refieren exclusivamente a quienes dejaron la isla
con todos los permisos oficiales, habrá que pensar en un número más
elevado de emigrantes de Guía en aquella época, optando por la
clandestinidad como otros muchos canarios.

 UN SUEÑO, UNA VISIÓN Y UN
FUTURO

            Quisiéramos soñar un
poco y empezar ese sueño con una visión, totalmente personal –que, a lo
mejor, no es objetiva—sobre lo que para nosotros debe ser Santa María de
Guía y lo que, además, consideramos es el impulso fundamental que ha de
servir de nuevo arranque para un futuro más próspero que el que
actualmente tenemos.

            Hablar del presente
y del futuro de Santa María de Guía es observar el reciente pasado,
aunque retomando enseñanzas que fueron positivas, algunas de las cuales
siguen sin lograrse por la apatía, el desinterés u otra serie de
circunstancias que en estos momentos, no vienen al caso. Quizás no
coincidan nuestras apreciaciones con lo que, para muchos, sería lo ideal
para este municipio. No lo pretendemos, aunque el derecho a opinar –y
también a discrepar por quienes no estén de acuerdo con ello—es una de
las virtudes fundamentales traídas por la reciente democracia.

             Los recuerdos de
los sesenta van a ser fundamentales para entroncarnos en este presente.
Escudados en una zona, en el Noroeste grancanario, grupos de vecinos
lanzaron a los vientos el  ¡ya está bien! Contra la marginación a que
habían sometido a la comarca, llevaron a las altas instancias la
necesidad de que los municipios del extremo-norte recibieran más
atención, tuvieran mejores comunicaciones y fueran atendidos como
proyectos de futuro, que lanzaran calas y costas hacia un turismo
naciente que, en aquellos tiempos, empezaba a incrustar fuertes raíces
en la zona sur de Gran Canaria.

             Los sueños se
convirtieron en realidad. La ilusión y la unión desembocan en
iniciativas que fueron altamente beneficiosas para todos los habitantes,
cayendo otras por tenaz oposición de grupos ajenos a la zona, siempre
dispuestos a que no saliera de su letargo. Pero nace la Variante de
Silva, construyendo la Variante del Rincón y está en obras la tercera
Variante, la de Guanarteme, que acercará más a Santa María de Guía del
resto de la isla.

             Se rompió así una
antigua “frontera” que nos aislaba del resto de Gran Canaria, aunque
lamentablemente todo ello no haya ido acompañado de unas bases sólidas
que permitan la recuperación de la ciudad y su entronque cara a un
futuro que ofrezca mejores perspectivas para las futuras generaciones.

             Seguimos perdiendo
una gran oportunidad. Hay proyectos, estudios e iniciativas que, de vez
en cuando, saltan a los medios de comunicación. Sien embargo, la
realidad continúa siendo la de las dos últimas décadas, azotada por el
paro, la emigración a la capital y a otras zonas de servicio o, por
citar un tercer ejemplo, investida de una forma agrícola en franca
crisis y sin esos cultivos alternativos –sólo ligeros intentos—que
puedan devolver la riqueza.   

LOS TRES PILARES BÁSICOS 

            Sobre tres pilares
básicos –servicios, agricultura y turismo—está nuestro futuro. Rota la
vieja frontera, Guía podría contar con una importante área de servicio
en la futura Variante hacia Agaete, aunque también es urgente seguir
combatiéndola vieja desidia que, por egoísmos particulares, trata de
arrancarnos unos servicios asistenciales sanitarios que, por derecho
propio, la ciudad exige.

             No está muerta la
agricultura, aunque si agonizante. Y se puede recuperar. Hay que
diversificar los cultivos y exigir fuertes apoyos para la reconversión.
Tras la construcción de la potabilizadora, lograr que el agua de la
tierra sea para el campo,  buscando iniciativas que paren esa
desertización que poco a poco nos va estrangulando.  Hay que recuperar
nuestros cultivos de costa e incentivar, también, los de medianías,
creando cooperativas –de las que Guía fue pionera—que permitan a los
pequeños agricultores luchar unidos. La supervivencia exige,
decididamente, la construcción del viejo y polémico trasvase entre la
Cuenca de Tejeda y la Cuenca de Agaete, pues no podemos seguir
permitiendo que el agua se vaya al mar en una zona que exigió, hace
tiempo, la solidaridad de toda la isla, mientras en ésta padecemos los
precios más abusivos que se registran en toda la geografía insular. Una
política hidráulica con realidad, relanzaría el futuro de este
municipio.

             No es utópico
hablar de turismo cuando, en la actualidad, se padece una crisis
profunda en el sur de Gran Canaria. Si desempolvamos viejos proyectos y
se incentiva la iniciativa, esta ciudad podría ser un destino apetecido
para un turismo interior –e, incluso, extranjero–, falto de lugares de
esparcimiento y de espacios abiertos al mar cercanos a la capital. La
recuperación de la Playa de San Felipe, la puesta en marcha del antiguo
proyecto del Mirador de la Montaña de la Atalaya –sin dañar su
desafiante imagen–, el acondicionamiento del Brezal y Santa Cristina
como zona de recreo o aquella ideada carretera que, iniciándose en Llano
Alegre, recorra puntos potencialmente turísticos como El Río, Pasopalos,
Barranquillo Moreno, Roque Prieto o Caleta, uniéndose posteriormente al
resto del litoral de los otros dos municipios de la zona; son
iniciativas que, junto a otras que ya se levantan en este municipio,
Gáldar y Agaete, podrían aportar al Noroeste una gran ruta turística,
atrayente y con grandes beneficios en el futuro.

             Somos de los que
pensamos y creemos en el turismo como medio de vida de Santa María de
Guía. Y aún sin calificarnos de ecologistas, consideramos también que,
siendo tarde, es el mejor momento para acometer una serie de actuaciones
en esta parcela, tomando ejemplos serios que complementen las bellezas
que nos ha dado la naturaleza y repudiando aquellos otros que, en los
últimos años, se denuncian día a día en otras zonas grancanarias, sin
respuestas contundentes por parte de los organismos responsables. Y,
para ello, se tiene que empezar ya. Atractivos sobran.

             Sobre estos tres
pilares fundamentales, a los que se une la cultura, está el porvenir de
Santa María de Guía. Lo contrario sería continuar en el olvido, con
muchas ilusiones en un pasado, un pobre presente y sin futuro.

 FIESTAS DE AGOSTO, FIESTAS DE
LA VIRGEN

            Como bien dicen unos
versos presentados a los Juegos Florales celebrados en esta ciudad el
pasado año

             Al fondo de la
historia

            de cada hombre y
cada pueblo

             siempre estará
vivificándolos

            la lumínica sombra
de una Madre.

            Sombra de paz y de
amor, confortadora

            sombra que es luz y
guía

            para el largo
camino,

            para la negra
incertidumbre…

             Santa María de Guía
inicia, un año más, sus fiestas de la Virgen. Cuando el quince de agosto
la imagen de nuestra Patrona se pasee por las calles de la ciudad,
quinientos años de historia quedarán atrás. Pero sobrevivirán, en estas
fiestas, la hospitalidad hacia cuantos en estas jornadas seseen
compartir la conmemoración con nosotros, el saber estar de los guienses
y el cariño que todo un pueblo siente por su Virgen –Santa María de
Guía–, hermosa luz que siempre nos ha ayudado a vencer dificultades y a
seguir soñando en un futuro venturoso para la ciudad. –

 

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Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 13/09/2003.


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