Un nuevo manto verde para La Virgen de Las Marías

5 de diciembre de 2006 Documentación

LAS
MEMORIAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA

PÁRROCO
DE GUÍA (1943-1982)

Un nuevo manto verde para la Virgen de Las Marías

(Por la transcripción: B. DE V.)

Había también en el desván de la Iglesia (lo que hoy
es el bellísimo Camarín) una arqueta de gran tamaño adosada a la pared.
Preguntaba yo qué cosa podía guardarse en ella y me respondían siempre
que en su interior había un manto viejo de la Virgen, pero jamás se me
ocurría abrirla, aunque fuese por curiosidad de ver si tenía valor o no
y también porque me parecía que no era yo el llamado a comprobar lo que
allí se guardaba, o porque suponía que tal manto sería de poco o
ningún valor. Así pasaron veinticinco años sin saber el valor que
pudiera tener el manto, que tan bien guardado estaba.

Pero como la Providencia Divina lo tiene todo dispuesto
-orden, medida y para el tiempo que tiene determinado en sus designios
eternos, llegó el día en que por un arrebato de interés me hice
acompañar de don Miguel Gordillo Díaz, profesor de EGB, y nos
dirigimos a las "Catacumbas", nombre que recibía la parte baja
de la antigua casa de doña Eusebia Armas, donde estaba depositada la
arqueta por haberse iniciado ya las obras de renovación del Camarín.
Entre los dos sacamos la arqueta al patio y, tras abrirla, nos quedamos
asombrados y sobrecogidos de admiración al encontrar un auténtico y
valiosísimo tesoro, encerrado durante tantos años. Yo, que ya me había
dado cuenta de que la Santísima Virgen sólo tenía un sencillo y pobre
manto y traje de color verde para revestirla en las fiestas de Las Marías
y las Ramas vi la posibilidad de encargar la confección de un nuevo manto
y traje verde, enriquecido por todo aquel lujuriante oro de muchas y
variadas formas.

Por eso, al domingo siguiente, fui informando a los
fieles en todas las misas. Les comenté el hallazgo de un tesoro
encontrado en un manto de tisú de plata completamente raído y, por lo
tanto, inservible; manifestándoles al mismo tiempo mi propósito de
encargar su confección y traspasar a un nuevo manto verde todos los
bordados y tejidos de oro, para que lo usara la Virgen en la fiesta de Las
Ramas, porque el que tenía era muy pobre y estaba desteñido por la
acción inexorable de la luz. Insistí en que sólo hacía falta una
persona pudiente y devota de la Virgen que sufragara los cuantiosos gastos
que tal trabajo suponía.

Y aquí llega el momento, el día y la hora que el
Señor y su Santísima Madre tenían determinado para el descubrimiento de
tal tesoro y el destino que se le habría de dar. Terminada la misa de las
diez de la mañana y estando ya en la sacristía, llegó la señorita María
Torrent Galván
manifestándome que doña Milagros Rodríguez
Bolaños de Mauricio
, que se hallaba en el templo, le encargó que me
comunicase que ella se haría cargo de sufragar todos los gastos que el
nuevo manto ocasionara.

En aquella misma semana envié a dicha señora el manto
viejo y raído con todo el oro que contenía para que lo viese y se
hiciese cargo de la belleza y el valor del mismo. Pocos días después me
dirigí a su domicilio para agradecerle su generoso ofrecimiento, tener un
cambio de impresiones y determinar la comunidad religiosa a la que había
de dirigirse para solicitar de la misma, mediante contrato, la confección
del manto verde y traspasar al mismo todo el oro encontrado.

Dicha señora, en un gesto de sinceridad, me declaró
que el día que yo anuncié el hallazgo y solicitaba algún
"mecenas" para sufragar la reconstrucción, ella estaba pensando
en su asiento, en la entrada de la Capilla del Calvario, qué cosa, que
obsequio ofrecería a la Virgen de Guía para hacerle pública
manifestación por un gran favor que, por su mediación, había recibido
en aquellos días anteriores. Al oír mi alocución, exclamó en su
interior: "¡Eso se lo ha inspirado la Virgen; eso es lo que Ella
quiere para que manifieste públicamente mi gratitud por ese gran favor
que me ha obtenido! Por eso, inmediatamente se lo comuniqué para su
conocimiento y satisfacción".

Días después, aquella señora, acompañada de doña Francisca
Estévez Pérez de Mauricio
, viajó al Císter de Teror para
entrevistarse con la abadesa del mismo y exponerle su propósito de que en
dicho convento se confeccionase el traje. La entrevista se llevó a cabo
y, por un malentendido o por temor a un trabajo intenso, manifestaron que
tardaría en hacerlo años.

Dichas señoras regresaron a Guía desalentadas.
Extrañado por tal negativa, les dije que me encargaría de hablar con las
monjas y esperaba que aceptaran el encargo.

El 15 de noviembre de 1969 invité a don Fortunato
Estévez Galván
para que me acompañase a Teror para la entrevista
con la abadesa. Concedida la misma, a través del locutorio le expusimos
nuestro objetivo, dándole cuenta de la anterior visita, de sus resultados
y de la desilusión ante la negativa que aquellas mujeres recibieron. Tras
un amplio cambio de impresiones, definitivamente aceptaron la confección
del manto de la Virgen.

En el mes de diciembre empezaron el delicado trabajo.
Tardaron ocho meses, pues en la primera quincena de julio de 1970 avisaron
a la señora Rodríguez de Mauricio que estaba completamente terminado.
Doña Milagros y su esposo, don Antonio Mauricio Padrón, generosos
patrocinadores de esta maravillosa obra, acudieron al Císter y, en una de
sus dependencias, pudieron contemplar el manto, expuesto de una manera
espectacular, presentando un aspecto -según me contaron- que llegaba a
subyugar a todo aquel que lo contemplaba. Entusiasmados por la belleza y
riqueza artística de la obra, pagaron el doble de lo que habían
convenido el día que las monjas aceptaron llevar a cabo el delicado
trabajo.

Con gran regocijo y satisfacción se trajeron el nuevo
manto a Guía, previéndose que fuera estrenado en las fiestas del 15 de
agosto. Anteriormente, se dejó expuesto en la Iglesia para que todos
pudieran admirarlo. Sin duda, una joya rescatada del olvido y recuperada
para la Virgen.

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Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 30/09/2003.


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