Prólogo de Alejandro C. Moreno y Marrero

7 de enero de 2007 Documentación

PERSONAJES POPULARES DE GUÍA

Por  Juan Dávila-García

PRÓLOGO DE ALEJANDRO C. MORENO Y MARRERO

Históricamente, los personajes populares han sido
estudiados dentro de lo se ha denominado folklore (conjunto de
tradiciones, usos, costumbres, creencias, leyendas, cuentos y canciones

de un pueblo).

La expresión folklore (saber popular) fue acuñada en
1864 por el inglés William Thoms. Todos sabemos la imprecisión que
encierra este término (considero infinitamente más exacto el vocablo
alemán "volklehre"); sin embargo, según Francisco Carreras y Candí, parece
claro que se trata de algo que existe desde mucho antes de la aparición
del citado anglicismo.

En los últimos tiempos se han propuesto las palabras
demotecnografía
(técnica de descripción del pueblo), demopsicología
(psicología del pueblo), demobiografía (biografía del pueblo o
personajes populares), demosofía (sabiduría del pueblo) e incluso
demopedia (instrucción o enseñanza del pueblo) para hacer
referencia a estos aspectos del folklore.

Sea como fuere, escasos han sido los tratados
folklóricos que han abordado en España el estudio de los personajes
populares. La primera referencia bibliográfica de esta naturaleza que se
conoce nos lleva a la obra de Cristóbal Suárez de Figueroa titulada
"Plaza universal de todas ciencias y artes",
publicada en Cataluña en
el año 1615 y donde se dedica numerosos artículos a la descripción y
análisis de los llamados personajes populares y de oficios (alcahuetes,
bailarines, buhoneros, cazadores, casamenteros, ciegos, danzantes, rameras,
soplones, alarifes, algodoneros, barberos, cuchilleros, carpinteros y
otros varios) de la España de la época.

Varios siglos tuvieron que pasar hasta volver a
encontrar en nuestra literatura folklórica nuevos trabajos acerca del
estudio de estos personajes entrañables. Esto se produciría hacia 1831
merced a una serie de artículos del estudioso malagueño Serafín Estévanez
Calderón en los cuales gentes populares como "Manolito Gázquez "el
Sevillano"
aparecen perfectamente retratados.

Inferior en cuanto a viveza y colorido a Serafín
Estébanez, aunque no por ello menos importante, sería la figura del
folklorista madrileño Ramón Mesonero Romanos, quien, entre 1832 y 1836
respectivamente, publica en la capital española los dos tomos de las
"Escenas matritenses".

Muchos especialistas han considerado que la diferencia
existente entre ambos autores estriba en que mientras Estébanez se limitó
a recoger en sus artículos episodios brillantes del pueblo andaluz,
Mesonero Romanos rescató también aquello que, sin bullangas, sin
estridencias, sin relieve, frío e incoloro, cotidianamente ocurría en el
Madrid de sus tiempos.

A primera vista, parece que las escenas matritenses de
Mesonero Romanos son artículos sin más trascendencia que la de entretener,
sin embargo, cuando se profundiza en ellos, se puede apreciar la sutileza
de un observador que dedicó su vida a mirar a sus conciudadanos de toda
clase y condición social para conservar sus memorias.



"el hombre en el fondo siempre es el mismo, aunque
con distintos disfraces en la forma: el palaciego que antes adulaba a
los reyes, sirve hoy y adula a la plebe bajo el nombre de tribuno; el
devoto se ha convertido en humanitario; el vago y calavera en
facciosos y patriota; el historiador en hombre de historia; el
mayorazgo en pretendiente; el chispero y la manola en ciudadanos
libres y pueblo soberano. Andarán los tiempos, mudáranse las horas, y
todos estos tipos, pasarán, como los otros, a ser añejos y
retrógrados, y nuestros nietos nos pagarán con sendas carcajadas las
pullas y chanzonetas que hoy regalamos a nuestros abuelos. ¿Quién
reirá el último?"
(Fragmento del prólogo de las Escenas
Matritenses de Ramón Mesonero Romanos).



El editor madrileño Ignacio Boix, siguiendo esta misma
línea, concibió la idea de realizar una colección dedicada a los
personajes populares. Desde un primer momento, deseó que la obra fuese
colectiva, y así surge en 1843 "Los españoles pintados por sí mismos",
una colección en la que el Sr. Boix recurrió a los principales
folkloristas españoles de la época, entre los cuales, obviamente se
encontraban los dos personajes antes citados así como Manuel Bretón de los
Herreros, Juan Eugenio Hartzenbusch, Vicente de la Fuente, José María
Tenorio, Fermín Caballero, Juan Martínez Villegas, Jacinto de Salas y
Quiroga, y otros muchos que decidieron encubrirse con el anónimo.

Años más tarde, concretamente en 1848, vería la luz la
primera edición de la obra "Doce españoles de brocha gorda" del
escritor Antonio Flores, quien ya había colaborado en la colección
anterior, pero que, esta vez, penetrando más en la vida popular y
analizando minuciosamente las características diferenciales de los
individuos, logró hallar personajes que no habían sido estudiados hasta
ese momento.

Es algunas décadas después, cuando el Romanticismo
literario español enlaza con lo que sería denominado "Costumbrismo
canario", un movimiento que, como su propio nombre indica, presta especial
atención a las costumbres típicas (entiéndase también los personajes
populares) de nuestras islas. Asimismo, conviene aclarar que en Canarias
no existen formas concretas de costumbrismo, sino sutiles derivaciones de
un interés por los "tipos y personajes populares" que, mezcladas con otras
formas literarias, van desde la aproximación folklórica hasta la crónica
periodística.

Dejando a un lado el antecedente que supone la prosa
lírica que representa el lanzaroteño José Clavijo y Fajardo al preocuparse
por algunas gentes populares propias de cierto periodismo ilustrado
tardío, es sólo a partir de finales del s.XIX cuando, en efecto, se pueden
identificar en el Archipiélago algunas huellas folklórico-costumbristas.

El interés por personas, casos y comportamientos
típicos de la región canaria (o tipificados por el escritor), comienza a
observase con claridad en la obra de los hermanos Millares; sin embargo,
ni el uno ni el otro pueden ser denominados costumbristas, pues, los
comportamientos y los diferentes tipos populares verdaderamente
aparecerían descritos hacia 1926 en el libro "Canariadas de antaño".

En este contexto, otros prosistas y dramaturgos del
llamado regionalismo finisecular también deben ser citados: desde Benito
Pérez Armas hasta Ángel Guerra, pasando por Diego Crossa. No obstante, se
considera que fue el ¿modernista? Alonso Quesada en cuya obra "Crónicas
de la ciudad y de la noche"
(1919) se pueden vislumbrar ciertas formas
costumbristas, pero inmensamente fundidas con la crónica periodística tan
demandada entonces en Canarias e Hispanoamérica.

Algunos autores posteriores quisieron regresar de nuevo
al costumbrismo decimonónico a través de personajes entrañables a los que
se les atribuye la observación social así como la descripción de sus
comportamientos. Este sería el caso, obviamente, de Francisco Guerra
Navarro, quien a través de Pepe Monagas representa al personaje popular
por antonomasia, aunque profundamente retocado por la voluntad
humorística.

En 1963, el folklorista Néstor Álamo publicaba la
primera edición de su estudio sobre Dña. Agustina González y Romero
(cariñosamente conocida como "La Perejila"), donde nos acerca a unos de
los personajes más populares de la Vegueta de finales del XIX.

Relativamente recientes son, solo por citar algunos,
los trabajos del prof. Antonio Bethencourt y Massieu acerca de su homónimo
y comerciante de la calle de la Peregrina D. Antonio Bethencourt, la obra
de José Miguel Alzola sobre "D. Chano Corvo: crónicas de un jardinero y
su jardín"
; o, incluso, el ensayo de José Luís López Pedrol dedicado a
la tan recordada Lolita Pluma.

Dicho lo cual, en nuestra ciudad de Guía de Gran
Canaria tampoco han faltado quienes se hayan interesado por los personajes
populares.

Así, el periodista Sigfrido Calero, en un magnífico
artículo publicado en La Provincia el 4 de Abril de 1987, escribía:



"Es muy posible que al relacionar estos apodos
cariñosos que tuvieron muchos guienses, nuestra mente nos lleve a la
nostalgia de otras épocas… A la historia de nuestro municipio, la de
las gentes y sus apodos. Les recuerdan algo los dichetes de Lala,
Sasito, El Brimba, Matías, El Canuto, La Caja, Pochivio, Tomasín, El
Tranquilo, El Vinagre, Cubanito, El Pollo de Anzo, El Mudo, El Chilgo,
Paeo, El Cuetero, Copá, Sendito, El Herrero, Cigarro Puro, Lugino,
Santito, El del Drago, Pilarito Fox, El Tisnao, El Menú, El Largo,
Manolete, El Rubio, El Bambi, Blasón, El Sepulturero, El Molinero, El
Tigre, El Pelú, El Claca, El Barato, El Papona, El Dentista, El
Recadero, El Málaga, El Pájaro, El Bodeguero, Serío, Colasa, La de los
Chochos, La de los Siete Machos, Meina, Pan de a Perra, El Papa, El
Cáscara, El Gago, El de la Luz, Jirió, Tarzán, El Peo, Peo Pica,
Cepillillo, Los Humildes, El de la Viela, Yoyo, Las Cubanas, Maestro
Blas, Los Churros, Los Salustie, La Sorda, El Lechero, Los Burros, El
Sacristán, Caganío, El Campanera, El Malacara, El Empenao, Polo,
Flores, El Sardina, Basilisco, El Cachimba, El Fatiga, El Plegaria, El
Pianista, El Mortadela, El Mole, El Bandurrín, El Liberato, El
Estiércol, El Galleta, El Malena, Bartolito, El Grullo, Los Pavos, Los
Blancos, Los Meicos, El Zurdo, El Mula, El de la Botica, Los Moscos,
El Justicia, Los Virgilios, EL Gato y El Chico".



Y, por supuesto, el prolífero Memorialista guiense Juan
Dávila García, quien con su colección de personajes populares ha rescatado
del olvido una buena parte de nuestra historia chica que, de no haber sido
por la publicación de tan entrañables artículos, seguramente se hubiera
perdido.

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Julio de 2006

E-mail:

alejandromorenomarrero@yahoo.es

Página recuperada del sitio original de guiadegrancanaria.org a partir de la copia del Wayback Machine de 16/12/2009.


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