PSICOGRAFÍAS
“Quedaron escritos”
El cajón
Santiago Gil
Yo de niño jugaba a todas horas con el pasado. No es que fuera un
nostálgico precoz ni un niño ensimismado. Todo lo contrario; no había
quien me metiera en casa si existía la más mínima posibilidad de salir
a la aventura de los juegos y de las calles. Hablo, claro, de los años
setenta y de una infancia en un pueblo que como casi todos los pueblos
de entonces tenían poco que ver con la inseguridad que pueden encontrar
los niños de hoy en día.
“Quedaron escritos”
El cajón
Santiago GilYo de niño jugaba a todas horas con el pasado. No es que fuera un nostálgico precoz ni un niño ensimismado. Todo lo contrario; no había quien me metiera en casa si existía la más mínima posibilidad de salir a la aventura de los juegos y de las calles. Hablo, claro, de los años setenta y de una infancia en un pueblo que como casi todos los pueblos de entonces tenían poco que ver con la inseguridad que pueden encontrar los niños de hoy en día. Nosotros jugábamos entre barrancos, en maretas vacías o en calles de adoquines en las que casi no transitaban los coches. Los balones se iban desgastando sucesivamente y sus únicos dueños eran los que sabían regatear hasta su propia sombra. Nos bastaba muy poco para ser felices.
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