Inicio arrow Portada arrow Fiestas de La Virgen 2008 arrow Necesidades y mecenas. Don Bruno Ciudad de GuŪa, 23 de febrero de 2024

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lunes, 04 de agosto de 2008
Necesidades y mecenas

Don Bruno habla del escultor Cayetano Guerra

Image En aquellos a√Īos de 1943 en que me hice cargo de la tan apetecida, por muchos, parroquia de Santa Mar√≠a de Gu√≠a, que yo no merec√≠a, y en los a√Īos siguientes hasta avanzados los cincuenta, la situaci√≥n econ√≥mica de Espa√Īa por motivos de la guerra civil y, sobre todo por la segunda guerra mundial, era lo m√°s angustiosa que se puede imaginar, rayana, pod√≠amos decir, en desesperante, estando los art√≠culos de primera necesidad sometidos a control estatal y, por lo tanto, distribuidos mediante cartilla de racionamiento, situaci√≥n que repercut√≠a, con gran incidencia, casi en el 80% de la feligres√≠a parroquial, y por lo mismo la Parroquia se ve√≠a fuertemente afectada por esta penuria econ√≥mica que invad√≠a a toda la Di√≥cesis. Los viernes de cada semana daba pena ver aquella riada de menesterosos de todas las edades, desfilar por todas las calles de la poblaci√≥n, solicitando de los vecinos una limosna para poder sobrevivir. Y las parroquias, que siempre eran consideradas como madre de los pobres y "su pa√Īo de l√°grimas", se ve√≠an impotentes para atender, en lo m√°s elemental, a sus hijos y familias pobres.

Las colectas que se efectuaban, una vez al mes, en las tres misas que se celebraban en la parroquia, los domingos y fiestas de precepto, apenas se reun√≠an cincuenta o sesenta pesetas, cantidad irrisoria y, por lo mismo, de todo punto insuficiente para atender las necesidades de la iglesia como son: entre otras, el fluido el√©ctrico, el agua, limpieza, etc., y pagar al sacrist√°n, al sochante y monaguillos; y por otra parte las obvenciones y derechos arancelarios eran verdaderamente mezquinos y escasos, y, en esos a√Īos, hasta los cincuenta, la Iglesia no recib√≠a del Estado subvenci√≥n alguna, como era de justicia...

Por esa raz√≥n de los escasos ingresos que ten√≠a la Parroquia, el templo parroquial, cuando llegu√©, s√≥lo estaba alumbrado por la noche, por una sola bombilla de sesenta buj√≠as que pend√≠a de la perilla de la ara√Īa de plata de ley que pend√≠a del crucero de la iglesia, quedando el templo envuelto en una suave penumbra que invitaba a algunos a concentrarse en devota oraci√≥n, y a otros les causaba angustia, tristeza, que les hac√≠a alejarse del sagrado recinto.

En otro pasaje, don Bruno recuerda que dijo lo siguiente:

"me permito pasar la bandeja petitoria todos los domingos y fiestas de precepto, para recoger el óbolo con el que cada cual quiera, libremente, contribuir a sufragar los gastos que el mantenimiento y atención del templo ocasiona durante el mes".

Se puede decir, casi con plena certeza, que este plan econ√≥mico que aprobado, con complacencia, por el 90% de los fieles, pero como todav√≠a exist√≠a la falsa creencia entre muchos feligreses que la parroquia de Santa Mar√≠a de Gu√≠a era algo as√≠ como un "Per√ļ", con unos ingresos fabulosos, por lo que el Cura no ten√≠a, pensaban, que pedir limosna pasando la bandeja durante la celebraci√≥n de las santas Misas para recoger fondos con que sufragar los gastos ocasionados por los arreglos y atenciones realizadas en el Templo. As√≠ me lo hizo saber un se√Īor con "aire de magnate" y de "super-sabio", el cual, por su riqueza agr√≠cola, ten√≠a muy suculentos ingresos. A su sugerencia, muy respetable, yo le contest√© que la Parroquia de Gu√≠a no era mejor que la de Teror, Arucas, Telde, los Jesuitas, la Catedral, etc. en cuyas iglesias se pasaba la bandeja todos los domingos y dem√°s fiestas, en las Misas, para recoger las limosnas con que los fieles, libremente, contribu√≠an a sufragar los gastos que las m√ļltiples necesidades de los mismos templos originan, y por lo mismo yo seguir√© recogiendo las limosnas que los fieles de Gu√≠a entregasen voluntariamente, esos d√≠as santos, para atender las necesidades de su templo, y llevar los arreglos, o reformas, que fuesen necesarios realizar en el mismo, para su conservaci√≥n y embellecimiento.

Por lo pronto el pueblo, al ver que yo empec√© a mejorar el alumbrado en el templo sin nada pedirle, empez√≥ tambi√©n a depositar, con generosidad, su √≥bolo en las bandejas para ayudar al Cura a sufragar los gastos que las reformas y mejoramiento que ha emprendido en el templo parroquial, le ocasionan, como as√≠ lo manifestaban con agrado. Esta actitud ben√©vola de los fieles guienses respecto de su parroquia, la confirm√© m√°s tarde, cuando me lanc√© a limpiar las puestas del templo que se hallaban muy deterioradas y de mas aspecto por la gran cantidad de pintura que acumulaban a trav√©s de los a√Īos, que, por lo tanto, no dejaban contemplar la belleza de la tea con que estaban construidas. Se suele decir que "la casa es el espejo, o reflejo, del alma de las personas", y como este refr√°n, en cierto modo, es verdad, yo lo apliqu√© a la iglesia de Gu√≠a dici√©ndome: si las puertas, o fachada del templo est√°n mal atendidas, sucias, repelentes, ¬ŅC√≥mo estar√° su interior? Y aunque interiormente est√© limpio como el oro, la impresi√≥n que causa a los que contemplan su exterior es mala, desagradable, y predispone su √°nimo a no valorar la belleza, o el arte, del interior de tal recinto, o templo, que visitan, y su limpieza.

Por eso yo, consciente de ello, una de las cosas que me propuse restaurar por el mas aspecto que ofrec√≠a, fue limpiar las puertas del frontis y laterales del templo, de las densas capas de pintura que acumulaban a√Īos tras a√Īos y se hallaban cuarteadas por la acci√≥n ambiental y solar, y, para conseguir ese objetivo, encargu√© al carpintero D. Antonio Aguiar P√©rez, muy vinculado a la parroquia por su profesi√≥n, para que, lo antes posible, empezase y llevase a t√©rmino la limpieza de dichas puestas y los clavos de metal dorado que fijaban los grandes tableros, previa la extracci√≥n de los clavos tantos los dorados de la puesta central como los de hierro de las laterales, porque as√≠ se facilitaba mejor el trabajo de arrancar la densa capa de pintura que ten√≠a mediante un eficac√≠simo l√≠quido para estos menesteres y la esp√°tula conveniente, dejando a la vista la belleza de la tea.

El trabajo marchaba a gusto de todos. En cierto momento yo me hallaba en el frontis de la iglesia observando el trabajo que realizaba "m'estro Antonio", as√≠ le conoc√≠amos todos, colocando los tableros una vez limpios, en el armaz√≥n de las puertas, cuando vi a un se√Īor, que viv√≠a frente al templo, al otro lado de la plaza, est√°tico, en el umbral de su casa, con la mirada fija en lo que se estaba haciendo en las puertas de la iglesia; y, de pronto, baja a la calle y, con paso firme y decidido, cruz√≥ la plaza, subi√≥ las escalinatas y dirigi√©ndose a mi, me salud√≥ muy atento y me dice:

- "como he visto que Vd. ha dispuesto que las puertas de la iglesia sean adecentadas quit√°ndole esa costra de rancia pintura y como este trabajo le supone muchos gastos, yo he querido contribuir, aunque modestamente con esta cincuenta pesetas. Otro d√≠a ser√° m√°s y, ¬°adelante que todo el pueblo le ayudar√°!" Era D. Antonio Est√©vez Aguiar. Yo le agradec√≠ mucho su gesto generoso y espont√°neo y me qued√© reflexionando: "Si yo no hubiera dispuesto que se limpiaran estas puertas, aunque no tuviera un c√©ntimo, sino que esperara reunir el capital necesario para realizar este trabajo, este se√Īor no hubiera venido a mi dici√©ndome:

- "tome cincuenta ptas. para que mande a limpiar estas puertas"...

Este gesto, inesperado, de tal se√Īor, me confirm√≥ la idea que yo siempre he tenido, de que un p√°rroco que quiere hacer arreglos en la iglesia o emprender alguna nueva obra en la misma, no debe esperar a reunir el capital necesario para empezar la obra, sino anunciar, eso si, a los fieles que hay que hacer tales arreglos, o hacer tan nueva obra en el templo y que, aunque no tiene "una gorda", con la plena confianza de que todos Vds. me ayudar√°n, tal d√≠a se empezar√° a trabajar; y como el pueblo vea que realmente e est√° trabajando para adecentar, hermosear, enriquecer su templo, casi instintivamente, empieza a cooperar, a contribuir, con sus donativos y colectas que, aunque sean modesto, podemos actualizar el dicho popular que proclama ; "muchas gotas de agua hacen oc√©anos" y "miles de granitos de arena hacen monta√Īas o desiertos inmensos"...

Así me sucedió a mí en Guía, que, sin tener un céntimo, emprendí obras que, aunque de poca cuantía, ocasiona siempre gastos, pero ellas salieron adelante sin quedar deuda alguna por las mismas.

Adem√°s, en estas circunstancias, y con la previa propaganda, suelen surgir "mecenas" que se ofrecen gentilmente, a sufragar todos los gastos, o a adquirir obras de gran valor material o art√≠stico, que prestigian y enriquecen el acervo art√≠stico de la Casa del Se√Īor, todo a sus expensas.

Yo puedo decir que en este sentido, me surgieron varios "mecenas" que, con su generosidad, enriquecieron dicho acervo. Para perpetua gratitud y recuerdo, me permito dejar constancia ... [entre otros] del mecenas que fue el eximio escultor D. Cayetano Guerra Aguiar, que, gratuitamente, esculpió un Cristo Crucificado de 1,50 metros, de bellísima factura, que donó a la Parroquia de sus amores más fervientes, para ser colocado en la "Sala de Luján Pérez ubicada en el Camarín de la Virgen, lo que se realizó, solemnemente, al terminar la Santa Misa de las siete de la tarde, el día dos de Julio de 1982.



NOTA: TEXTO EXTRA√ćDO DE LAS MEMORIAS MANUSCRITAS DE DON BRUNO QUINTANA QUINTANA, P√ĀRROCO QUE FUE DE GU√ćA ENTRE 1943 Y 1982.



 

Modificado el ( martes, 05 de agosto de 2008 )