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sŠbado, 06 de enero de 2007

M√ļsica de Papagüevos

Por Santiago Gil

Uno siempre recuerda las estructuras de las que colgaban las canastas de baloncesto como unos estorbos que ten√≠amos que estar todo el santo d√≠a moviendo de un lado para otro cuando quer√≠amos jugar al f√ļtbol. Nosotros no √©ramos como los ni√Īos de ahora que tienen tropecientas mil ofertas deportivas. 
Entonces s√≥lo ten√≠amos el f√ļtbol, la lucha canaria, la nataci√≥n y un poco de voleibol y balonmano. Pero como el deporte que practic√°bamos era improvisado, a menudo montando campos en pedregales o en fondos de maretas vac√≠as, sol√≠a ser el f√ļtbol lo m√°s demandado y socorrido. Tambi√©n influ√≠a que en los peri√≥dicos, en la tele o en la radio no se hablaba de otra cosa. No hac√≠an falta entrenamientos o estar federados para montar partidos de m√°xima rivalidad entre calles o barrios del pueblo. Poco a poco, sin embargo, se fueron sofisticando las infraestructuras y empezamos a utilizar las canchas que supuestamente se hab√≠an construido para jugar a balonmano, a voleibol o baloncesto como canchas de futbito, que era como entonces llam√°bamos todos a eso que ahora llaman f√ļtbol sala ‚Äď para nosotros hubiera sido algo hilarante meter en sala cualquier deporte, y mucho menos el futbito, aunque cuando √≠bamos a jugar los partidos interescolares al Vega Mateos de G√°ldar casi nos ve√≠amos jugando en el Bernab√©u-. Estaba la cancha del albergue, que siempre conocimos como la cancha del barranco, la del Instituto y la del colegio. La preferida era sin duda la del barranco, el gran escenario de casi todos nuestros peque√Īos hitos deportivos. El problema de esta cancha es que era un poco multiusos, y si hab√≠a gente jugando a baloncesto no se pod√≠a jugar al f√ļtbol. Hasta que tuvimos doce o trece a√Īos siempre perd√≠an los de baloncesto, que eran poco menos que unos bichos raros. Para jugar ten√≠an que ir a las horas que sab√≠an que no habr√≠a nadie con ganas de jugar al f√ļtbol, despu√©s de almorzar o a primera hora de la ma√Īana. Pero m√°s tarde o m√°s temprano aparec√≠amos quince o veinte fan√°ticos con el bal√≥n de f√ļtbol y hac√≠amos valer nuestra prevalencia y nuestra mayor√≠a absoluta y aplastante. Antes ten√≠amos que estar rodando las estructuras de hierro de las que colgaban las canastas. Estaban equipadas con ruedas y a nosotros nos serv√≠an m√°s para hacer el mono que para jugar al baloncesto.

No s√© cuando se viraron las tornas, aunque el f√ļtbol nunca dej√≥ de ser lo m√°s importante. Me imagino que los primeros acercamientos al baloncesto coincidieron con el Madrid de nuestro paisano Carmelo Cabrera, y que luego se fueron concretando con la llegada de aquella generaci√≥n de grandes jugadores que tuvo su corolario con la medalla de plata de los Juegos Ol√≠mpicos de Los √Āngeles. A los doce o trece a√Īos nos entr√≥ el gusanillo de la canasta. De repente descubrimos que nos divert√≠amos m√°s con la intensidad, la participaci√≥n y la velocidad de basket que con las patadas y el alejamiento cada vez mayor del romanticismo futbolero. Yo hubiera querido ser un gran jugador de f√ļtbol, pero pronto descubr√≠ que era un poco pat√°n con las piernas. En el baloncesto, sin embargo, me defend√≠a mucho mejor y adem√°s pod√≠as progresar una barbaridad practicando por mi cuenta los tiros a canasta, el dominio del bal√≥n en carrera o las fintas o movimientos m√°s o menos espectaculares. Por entonces empezamos a ver los primeros partidos de la NBA en televisi√≥n, los famosos Lakers contra los Celtics. Como pasaba como el Real Madrid y el Barcelona en los terrenos futbol√≠sticos y baloncest√≠sticos, nuestra generaci√≥n se fue decantando por la seguridad y la efectividad de Larry Bird o por los arabescos de Magic Johnson. Yo opt√© sobre la marcha por los Lakers y por intentar jugar con el esp√≠ritu de Magic. Pero junto a esas referencias que entonces nos parec√≠an poco menos que de ciencia ficci√≥n estaban aquellos partidos de infarto de la selecci√≥n espa√Īola con los Corbal√°n, Epi, Fernando Mart√≠n y compa√Ī√≠a. De repente las estructuras que serv√≠an para sostener y elevar los aros de baloncesto le fueron ganando la partida a las porter√≠as futboleras. Cada canasta era un camino a la gloria, y las tardes se nos iban improvisando partidos de tres contra tres en un solo aro o formando equipos que nos permit√≠an organizar peque√Īas liguillas. Hab√≠amos dejado de ser aquellos g√°rrulos que nos re√≠amos de Feluco, Ferrer, Sosa, Paco y tantos otros pioneros que cuando nadie sab√≠a siquiera lo que eran tres segundos en la zona se tiraban la tarde botando el bal√≥n y tirando a canasta, casi siempre solos, y generalmente siendo v√≠ctimas de las mal√©volas bromas de los que s√≥lo imit√°bamos a los que sal√≠an en las estampas o en el Don Bal√≥n. Poco a poco se fueron mejorando las canchas, los materiales los aros, los equipajes y por supuesto las playeras. Entonces, cuando nos empez√≥ a entrar el gusanillo del baloncesto a finales de los setenta, no hab√≠a ni redes en las canastas, y lo normal era que jug√°ramos durante meses tratando de encestar en un aro medio desconchado y desclavado del tablero. Al igual que en el futbito y en el resto de los deportes que practic√°bamos con una espont√°nea determinaci√≥n jam√°s hab√≠a √°rbitro. Nos entend√≠amos entre nosotros, y quiz√° en esa pr√°ctica deportiva fue donde empezamos a descubrir que, al igual que en la vida, los hay nobles e innobles, tramposos y honrados, creativos e imitadores, y tambi√©n compa√Īeros o ego√≠stas: toda la vida se estaba recreando en la cancha, aunque nosotros entonces no √©ramos conscientes de ello. Tambi√©n descubrimos el valor del esfuerzo y la constancia, y por supuesto la importancia de la suerte. Ahora hace a√Īos que no tiro a canasta y que no pruebo a lanzar un penalti o a practicar una contrapardelera, pero s√≠ reconozco que aprend√≠ mucho en las canchas de deporte de mi infancia. Con los a√Īos todos aquellos jugadores han ido creciendo y comport√°ndose m√°s o menos como lo hac√≠an en el deporte. No s√© qu√© ha sido de muchos de ellos pero seguro que el tramposo sigue dedicado a las trampas y que el voluntarioso sigue luchando a brazo partido por ganar los partidos de la vida diaria. Creo que casi todos √©ramos nobles y buenos deportistas, por eso pod√≠amos jugar casi siempre sin √°rbitro. Pero siempre hab√≠a alguno que ven√≠a a enturbiarlo todo con sus malas formas y sus abusos. Eran pocos, pero como descubrimos cuando crecemos y nos movemos en otros √°mbitos de la realidad, tambi√©n entonces se hac√≠an notar y nos terminaban jodiendo los partidos.



Marzo de 2007.





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Modificado el ( martes, 03 de abril de 2007 )
 


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