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viernes, 12 de junio de 2015

«Camille Saint-Saëns soy yo»

En su nueva novela, el autor se sumerge en la vida del compositor galo durante sus estancias en Gran Canaria

Por Carmen Delia Aranda

Villa Melpómene es el recuerdo más vivo que queda de las estancias de Camille Saint-Saëns en Gran Canaria. La vieja casona roja, que permanece erguida junto a las cuatro plataneras que han sobrevivido a la depredación urbanística de la Isla, da nombre a la novela con la que Santiago Gil ha querido devolver a la vida al músico francés en Canarias.

«No hemos sabido darle la importancia que tenía. En 20 años vino siete veces. ¡Alguien que estaba en el centro del mundo! Amigo de Tchaikovsky, de Monet, de los impresionistas, cuando París era París. Y dejaba todo aquello y venía a Gran Canaria a incomunicarse por completo», afirma el escritor Santiago Gil acerca de la excepcional rareza que supuso tener en la Isla al compositor Camille Saint-Saëns en algunos intervalos invernales entre 1889 y 1909.

Para saldar esa deuda con la memoria y satisfacer una curiosidad que le ha acompañado casi desde la infancia, Gil se embarcó en una ficción sobre el paso por Guía del autor de la Danza Macabra a través de su huella más perenne, la llamativa finca ubicada junto a la autovía del Norte, donde pasaba largas temporadas el músico francés.

Su curiosidad por el compositor nació de niño. En el casco de Guía, había calles con nombres oficiales conocidas por otros más populares -calle del Agua, de Enmedio...-, otras con nombres de personajes ilustres; Suárez Galván, Pérez Galdós y, junto a ellas, una calle de nombre impronunciable, Camille Saint-Saëns. «Chocaba mucho con los nombres habituales que escuchabas en los años 70. Sabía que había inaugurado el órgano de Guía, pero le das la importancia que le da un niño que mira las cosas a su alrededor», afirma.

Pasados los años, llegó a él a través de su música y empezó a indagar sobre su personalidad. «Era un tipo con muchas aristas, con muchas dobles y triples vidas y alguien que estaba, en un momento determinado, en el centro de la cultura, del mundo, y desde allí se viene a un pueblo perdido de Gran Canaria», resalta el escritor cuya curiosidad se acrecentó cuando supo lo difícil que era llegar a Gran Canaria entre finales del siglo XIX y principios del XX.

«Galdós, en aquella época, creo que solo vino dos veces por lo duro que era venir desde Madrid. Saint-Säens viene desde París. Deja la ciudad para hacer ese trayecto en trenes y barcos hasta Las Palmas, para luego subir a Arucas, bajar a Bañaderos... Había que hacer un gran trayecto para llegar a Guía», comenta Gil, cuya expectación no dejaba de crecer a medida que iba acercándose al personaje. «La pregunta es: ¿qué venía buscando este hombre?».

Y la personal y ficticia respuesta a esta cuestión es la que se puede encontrar en las páginas de este novela digital publicada por ATTK Ediciones, con portada ilustrada por Augusto Vives. «Intenté entender a Camille Sain-Saëns y su proceso creativo en un lugar que yo conozco muy bien, que es mi lugar, y con otro personaje que se movía en el mismo espacio y en el tiempo en que yo me muevo», explica el autor acerca del otro protagonista de su obra, un biógrafo hispano-francés que viaja a la Isla tras el rastro del músico.
«Cito a Flaubert: Madame Bovary c`est moi. Camille Saint-Saëns también soy yo. Y el biógrafo que lo escribe, y cada uno de los personajes que se asoman a esta novela», confiesa el autor para puntualizar que todo lo que allí se narra, real o ficticio, es producto de su memoria y su imaginación.

«Lo quiero dejar claro para que no haya malentendidos. Villa Melpómene no es un trabajo periodístico, ni una biografía, ni una investigación. Es una novela, una recreación. Una supuesta mentira que haces pasar por verdad, porque, a veces, a través de la mentira es como llegas a la verdad, en la vida o en la literatura», recalca .

Su propósito fue, a partir de lo que conoció sobre su vida y sus tragedias personales,  «situarlo en Guía y ser él un tiempo. Creo que cualquiera puede ser cualquiera», asegura sobre su experiencia al escribirlo. «No sabía qué Camille me iba a encontrar. Solía escribir con su música de fondo. Estuve obsesionado con el personaje seis u ocho meses antes de escribir. Eso es algo -confiesa Gil- que no me ha pasado nunca».

De hecho, Gil sostiene que metiéndose en la piel de distintos personajes a través de la lectura y la escritura «no te haces más inteligente, sino mejor persona, en el sentido de que te conviertes en el otro. Entiendes al bueno, al malo, al santo, al canalla, al bendito, al varón, a la mujer, al niño... Te conmueves y te duele, pero quizás -abunda el escritor- te ayude a entender el mundo en el que vives».

Aunque Gil aborda la homosexualidad de Saint-Saëns, no la enfoca desde la parte más oscura y previsible: la hipótesis de que el francés hubiera venido a la Isla en busca de sexo con efebos de condición humilde. Una práctica habitual entre muchos artistas franceses de la época que huían al sur para satisfacer su sexualidad desbocada. «No quise jugar con eso, pero sí con su condición de homosexual. En todos los trabajos que he leído sobre él se reconoce su homosexualidad», explica Santiago Gil, que apunta que Saint-Saëns, tras perder a sus dos hijos a corta edad, abandonó a su mujer, a la que no volvió a ver; tuvo un affaire con Tchaikovsky y un amante, el adinerado Albert Libon.

Sin embargo, en Villa Melpómene, Gil nos presenta a un compositor menos oscuro, que intenta encontrarse a sí mismo a través de largas caminatas por la costa Norte y que compone inspirado por el recuerdo del paisaje y de los sonidos del mar y de los pájaros de esa zona de la Isla.

Algunos personajes que rodean a los protagonistas de la novela son ficticios. «Creas un escenario para que el personaje sea creíble», comenta Gil. Sin embargo, a través de este libro, el guiense ha querido homenajear a personas reales que, de una forma u otra, han formado parte de su vida. «Los amigos que hace el biógrafo en Guía son dos grandes amigos míos que fallecieron: Carlos Aguiar y Luis Castellano, siempre estábamos juntos cuando tenía entre 15 y 18 años», comenta el escritor, que los describe tal y como eran: intelectualmente inquietos y buenos conversadores.

También son reales el bibliotecario, Sergio Aguiar, y Juan Manuel Godoy, el vendedor de cupones albino que huye del sol en la Plaza de Guía. «Es un tipo encantador», asegura el escritor.

El padre de Gil -un niño que corretea en una tienda de quesos en la entrada de Guía- es otro figurante real de su novela; al igual que su tatarabuelo, Anselmo Bautista, que aparece en calidad de alcalde de la localidad, y su abuelo, Cenobio García Bautista, corresponsal de varios diarios de la Isla y fundador de La voz del Norte.  «Me gusta partir de la realidad. Gáldar existe, Guía existe, Agaete existe, Melpómene existe pero, en medio de la realidad, crear la ficción para que sea lo más creíble posible», abunda el escritor que recientemente ha visitado la casa roja donde se alojaba el compositor galo por invitación de su amigo, el comerciante francés  Juan Ladeveze y Redonnet. «Hace unos meses -relata el escritor- fui a Guía con un amigo historiador y me dijo que su padre se crió al lado de Melpómene. Me contó: ¿sabes que mi padre jugaba allí y que veían papeles escritos en otros idiomas y páginas pautadas. Y lo tiraban y lo rompían. No se valoraba nada. Todo lo que había de él se quedó allí».

PUBLICADO EN CANARIAS 7 el 09/06/2015

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Modificado el ( domingo, 28 de junio de 2015 )
 
 
 



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