
Sección dedicada a la poesía escrita por guienses
3 poemas de Domingo Rivero
Estamos ante un poeta de tanta honestidad como modestia, y todo sabe en él a veraz. Se despierta en el lector entonces un natural y cálido acercamiento. Y eso es lo que todo poeta auténtico desearía que le pudiera suceder.
FRANCISCO BRINES
EN EL MONTE
Sobre estos campos que abrasó el aliento
del volcán, ha pasado la serena
paz de los siglos que el ambiente llena;
y donde el fuego se ensañó violento,
tiende la vid las varas del sarmiento
y cría el fruto de la piel morena
y de sus verdes hojas, en la arena
pone la sombra que estremece el viento
Y mientras pienso en el pecho humano
así flota la sombra bienhechora
y crece el fruto del dolor lejano,
de mi vejez en la apacible calma
evoco, en el silencio de esta hora,
tristezas que se mecen en el alma.
MIS PIES
Pies que alzábais ayer- cuando yo era
ferviente soñador- polvo que ardía,
de mi sol juvenil bajo la hoguera,
como una nube al despuntar el día,
y tal vez misteriosa cabellera
en la senda a lo lejos parecía…
¡Aquel amanecer de la quimera
es noche triste en mi vez sombría!
Y hoy, pobres pies cansados, que a mi puerta
la muerte ya con impaciencia llama,
y camináis hacia la tumba abierta,
de la senda de ayer, ahora desierta,
polvo arrastráis con que mullir la cama
en que no se despierta.
DE LA ERMITA PERDIDA
De la ermita perdida
en la falda del monte solitario,
imagen de mi vida,
entre ruinas se eleva el campanario.
Mi vida fracasó:desvanecidos
contemplé mis anhelos; y mis hombros
siento que ya vacilan doloridos
de sostener escombros.
Pero en mi pecho se conserva sana
como en mi fuerte juventud lejana,
la recóndita fibra,
donde, cual entre ruinas la campana,
el ideal aún vibra.
