
Sección dedicada a la poesía escrita por guienses
Callejero (completo)
Moisés Suárez Pérez y Jonás Vega Morera
“No deben seguir los Ayuntamientos cayendo en el mismo error de siempre: al rotular, en cada tiempo y régimen político, sus calles con nombres propios y hechos históricos vinculados a éstos; se corre siempre el riesgo de que al paso de los años, nuevos hombres y nuevos regímenes se afanen por cambiarlo todo.»
PRÓLOGO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA

Sección dedicada a la poesía escrita por guienses
Callejero (completo)
Moisés Suárez Pérez y Jonás Vega Morera
“No deben seguir los Ayuntamientos cayendo en el mismo error de siempre: al rotular, en cada tiempo y régimen político, sus calles con nombres propios y hechos históricos vinculados a éstos; se corre siempre el riesgo de que al paso de los años, nuevos hombres y nuevos regímenes se afanen por cambiarlo todo.»
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PRÓLOGO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA
Callejero
Dieciocho veces amanece por tus calles.
(Otro día de andanzas y caminos).
Veinticinco escobas danzan
sobre tus aceras de nombres antiguos
solapados de políticos y escritores florecientes.
Conservan tus venas y arterias
esa funda adoquinada a modo de escamas,
tan característica de noble abolengo y tiempo detenido.
(Tan propia para andanzas y caminos).
Subimos con pausa, bajamos aún más despacio,
cargando el oro de tu ritmo orgánico.
El amor se filtra por los enganches.
Es la hora de la savia suave, delirante,
de los callejones apacibles, sillas al aire,
manos trenzadas, latidos amables.
(Es la tarde tras andanzas y caminos).
El ocaso es la paloma gris
anclada en la fachada oeste del corazón,
estática, tranquila, siempre distante
observando un águila pétrea que fue,
y ya no es.
Se entrecruzan hilos en chocar de agujas.
Rostros del olvido se vislumbran
tras cristales rigurosos, celosías vidriadas
y demás arquitectura del decoro.
(¿Buscadoras de andanzas y caminos?).
Cada noche se abren temerosas
las hojas de los biombos sin escarcha,
faldas caen en rincones no alumbrados
y se tiñen de luto nuevas barreras del encaje.
Y así nos alcanza el oscuro,
reposando los ingenios y los charcos.
Guía se contempla su silueta
de robustas y tupidas caracolas,
y se duerme al arrullo prometido
de los pies diligentes
y de la voz cadenciosamente sola.
Sola.
I
“Yo quisiera callar,
pero reviento si callo,
viendo que en Gáldar a un caballo
lo ponen en el altar”
Rafael Bento Travieso (Poeta Bento)
Se cargó de paciencia y habló. Ya hubiese comenzado aquella tarde. Venía de soñar por caminos solariegos de sus versos. Era ajeno al tiempo y guardaba celoso su intimidad caliente. Anduve calle abajo y arriba. Todas empinadas. Entré en la iglesia y salí. Vi los montes azulados cayendo sobre el campo Y subí de nuevo a la calle del poeta. No tropecé con gente. Miré las puertas, las paredes y el cielo. Extraña sensación sentirse observado. El rubor era sincero. Su calle es soberbia, estrecha y niquelada “Estupenda tontería”, afirmó Bento, rechinando de rimas novelero(La calle Poeta Bento conecta las antiguas calles de Enmedio y la del Agua en su parte superior en el barrio de San Roque)
II No alcanzó los cuchicheos ni la buenanueva. Del ramillete parece desgajada. Siempre en soledad reinante, con el amor al borde del olvido quiere asir al resto por bandera, imponerse, exigir. Perdió sus escamas en alguna capa de alquitrán. El manto negro ocupó su cuerpo. La mortaja cubrió sus poros de acero. Agarrada a la tierra con tenazas sangrantes procuró resistir al desconcierto, la enfermedad. Pero la piedra de la fragua siente y muere. La danza inmóvil anunció su suerte. Por sudoroso quebrado, corrió el caballo desvalido, se asomó al callejón y curioseó las huestes. Eran elegantes y tristes. Caras blancas pintadas. Volvió por la partida artimaña del trazado, calle arriba, al barrio pequeño. Indiferente cruzó la casa de los vientos, de quien marchó a La Habana. Han canonizado la parte más vieja. Pero, ¿Cómo distinguir la memoria viva del rumor incierto? Duro, pegado a la tierra imagino rapaces. Un 18 de Julio se parte la herradura. III No puedo deslizarme por tu funda negra, negramente negra, sin gozar de la nostalgia de la infancia. El traje estrenado, la cara encendida y la sal por el suelo, mosaicos cubistas. En medio, entre el incienso y el Dios, yo muero por amasar la flor de la alfombra Los pies cansinos y rítmicos bajan San Antonio rompiendo figuras de cuerpo divino, de serrín teñido. El cirio en la mano, enemigo molesto, se alía a sotanas que pisan primero. En medio, entre el Agua y Los Herreros yo muero por besar la sal del Corpus La piel colorista, envoltura de gala, será desgarrada por manos ansiosas. Agria batalla, moros y cristianos, yo y Galdós Enmedio, con el pelo tieso. Mi agitado pecho y el traje nuevo. IV El pulso a punto de reventar. Las paredes hinchadas no pierden detalle Caballos a motor persiguen cintas previsoras de batallas de papel. Amazonas. Franqueada de claveles y cruces sube sola, al álamo. Te invade la flor y el confeti. (La calle Médico Estévez fue conocida en el pasado como calle de La Carrera). V Era tuyo el nombre de flor indecisa, el olor a preso y a cultura, y la noche estrecha, rumorosa. Era tuyo el peldaño disfrazado, el subir con la carga en las espaldas y el corazón a ritmo de caballo. VI Voló el tiempo de los niños, las manzanas y carpetas bajo el brazo. Cruzaron al trote los años. Las madejas y los nervios de tu estirpe cruzaron Cruces tachando hasta tu nombre corto y primogénito. El marqués mueve su fusta. (La calle de la Cruz se corresponde con la céntrica calle D. León y Castillo, Marqués del Muni). VII Se oyen risas. La bruma acuosa y pesada, gotea. Los niños marchan junto a la acequia. Salpican juventud dichosa y líquida. Las mañanas que suben por En medio descienden felices. Lisiados cauces que nadie recuerda palparon la llegada del estío. Ahora, el cemento cubrió la piedra, la idea a la inocencia. No es privilegio tuyo la gota deslizada. Se oyen risas. (La Calle del Agua es hoy en día Luis Suárez Galván). VIII Habla el tiempo distendido, pasajero del vuelo de tu Historia. El silencio pesado se adueña de los Álamos, el calor sofoca las ramas. Lentamente va marcando el ritmo Luján. Una plaza: centro y Guía de un microcosmos casi eterno. De corazón baldosado, la piedra más tierna acoge a los primogénitos. Han declinado regímenes y monarcas. Murió la barrera que separa la baldosa de la tierra. Baldosa sofisticada de bota alta. Tierra simple de hambre sin velo. El reloj giró a otro cuadrante, al mismo ritmo, en la misma dirección. El cuadrante del laurel, donde sigues siendo infatigablemente abrigo. La arboleda cubre una hermana soltera, muda, lindante, poblada por generaciones de Quintanas, cobijando en su interior la esperanza que se asoma a un balcón emblemáticamente antiguo. Admirarte, Plaza de Los Álamos ¡ perenne! Han venido desde lejos ¡Deja que te vean, engalanada, madura, seductora!
NOTA:
Estos versos prodigiosos fueron justamente ganadores del concurso de poesía convocado en los VII Juegos Florales que inundaron nuestra ciudad en 1996. No sabía cómo llegar hasta ellos, pero para satisfacer estos humanos anhelos, afortunadamente, contamos con Sergio Aguiar. La Antología no tendría tal condición sin ellos. Seguro. Fueron escritos por unos jóvenes Moisés Suárez Pérez y Jonás Vega Morera, cuando ambos contaban con tan sólo veinte años de edad. Y digo tan sólo porque si no supiese quiénes fueron sus autores y la edad que alcanzaban entonces, juraría, sobre la espalda de cualquier dios despistado, que fueron concebidos por personas aderezadas de una madurez y sensibilidad impropias de su edad. Retratan magistralmente los principales escenarios de Guía, sus calles, plazas y personajes inoxidables con una perspectiva de indudable condición y profundidad poética.
Diciembre de 2007. Javier Estévez.
