Callejero

3 de diciembre de 2007 Antología de Poesía Guiense


Sección dedicada a la poesía escrita por guienses

Callejero (completo)
Moisés Suárez Pérez y Jonás Vega Morera

“No deben seguir los Ayuntamientos cayendo en el mismo error de siempre: al rotular, en cada tiempo y régimen político, sus calles con nombres propios y hechos históricos vinculados a éstos; se corre siempre el riesgo de que al paso de  los años, nuevos hombres y nuevos regímenes se afanen por cambiarlo todo.»

PRÓLOGO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA

Sección dedicada a la poesía escrita por guienses

Callejero (completo)
Moisés Suárez Pérez y Jonás Vega Morera

“No deben seguir los Ayuntamientos cayendo en el mismo error de siempre: al rotular, en cada tiempo y régimen político, sus calles con nombres propios y hechos históricos vinculados a éstos; se corre siempre el riesgo de que al paso de  los años, nuevos hombres y nuevos regímenes se afanen por cambiarlo todo.»

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PRÓLOGO DE PEDRO GONZÁLEZ-SOSA

Callejero

Dieciocho veces amanece por tus calles.

(Otro día de andanzas y caminos).

Veinticinco escobas danzan

sobre tus aceras de nombres antiguos

solapados de políticos y escritores florecientes.

Conservan tus venas y arterias

esa funda adoquinada a modo de escamas,

tan característica de noble abolengo y tiempo detenido.

(Tan propia para andanzas y caminos).

 

Subimos con pausa, bajamos aún más despacio,

cargando el oro de tu ritmo orgánico.

El amor se filtra por los enganches.

Es la hora de la savia suave, delirante,

de los callejones apacibles, sillas al aire,

manos trenzadas, latidos amables.

(Es la tarde tras andanzas y caminos).

El ocaso es la paloma gris

anclada en la fachada oeste del corazón,

estática, tranquila, siempre distante

observando un águila pétrea que fue,

y ya no es.

Se entrecruzan hilos en chocar de agujas.

Rostros del olvido se vislumbran

tras cristales rigurosos, celosías vidriadas

y demás arquitectura del decoro.

(¿Buscadoras de andanzas y caminos?).

Cada noche se abren temerosas

las hojas de los biombos sin escarcha,

faldas caen en rincones no alumbrados

y se tiñen de luto nuevas barreras del encaje.

 

Y así nos alcanza el oscuro,

reposando los ingenios y los charcos.

Guía se contempla su silueta

de robustas y tupidas caracolas,

y se duerme al arrullo prometido

de los pies diligentes

y de la voz cadenciosamente sola.

Sola. 

 

 

I 

 

“Yo quisiera callar,

pero reviento si callo,

viendo que en Gáldar a un caballo

lo ponen  en el altar”

 

Rafael Bento Travieso (Poeta Bento)

 
Se cargó de paciencia y habló.
Ya hubiese comenzado aquella tarde.
Venía de soñar por caminos solariegos de sus versos.
Era ajeno al tiempo
y guardaba celoso su intimidad caliente.
Anduve calle abajo y arriba. Todas empinadas.
Entré en la iglesia y salí.
Vi los montes azulados cayendo sobre el campo
Y  subí de nuevo a la calle del poeta.
No tropecé con gente.     
Miré las puertas, las paredes y el cielo.
Extraña sensación sentirse observado.
El rubor era sincero.
 
 
Su calle es soberbia, estrecha y niquelada
 
“Estupenda tontería”,
afirmó Bento, rechinando de rimas novelero
 

(La calle Poeta Bento conecta las antiguas calles de Enmedio y la del Agua en su parte superior en el barrio de  San Roque)


II 
No alcanzó los cuchicheos ni la buenanueva.  
Del ramillete parece desgajada.
Siempre en soledad reinante,
con el amor al borde del olvido
quiere asir al resto por bandera,
imponerse, exigir.
 
Perdió sus escamas en alguna capa de alquitrán.    
El manto negro ocupó su cuerpo.
La mortaja cubrió sus poros de acero.
 
Agarrada a la tierra con tenazas sangrantes   
procuró resistir al desconcierto, la enfermedad.
Pero la piedra de la fragua siente
y muere.
La danza inmóvil anunció su suerte.
Por sudoroso quebrado, corrió el caballo desvalido,
se asomó al callejón y curioseó las huestes.
Eran elegantes y tristes.
Caras blancas pintadas.
Volvió por la partida artimaña del trazado, 
calle arriba, al barrio pequeño.
Indiferente cruzó la casa de los vientos,
de quien marchó a La Habana.
Han canonizado la parte más vieja.
Pero, ¿Cómo distinguir la memoria viva 
del rumor incierto?
 
Duro, pegado a la tierra imagino rapaces.   
Un 18 de Julio  se parte la herradura.
  
III
 
No puedo deslizarme por tu funda
negra, negramente negra,
sin gozar de la nostalgia de la infancia.     
El traje estrenado, la cara encendida
y la sal por el suelo, mosaicos cubistas.
 
En medio, entre el incienso y el Dios,
yo muero por amasar la flor de la alfombra
 
Los pies cansinos y rítmicos        
bajan San Antonio rompiendo figuras
de cuerpo divino, de serrín teñido.  
El cirio en la mano, enemigo molesto,
se alía a sotanas que pisan primero.
 
En medio, entre el Agua y Los Herreros
yo muero por besar la sal del Corpus
 
La piel colorista, envoltura de gala,  
será desgarrada por manos ansiosas.    
Agria batalla, moros y cristianos,
yo y Galdós Enmedio, con el pelo tieso.     
Mi agitado pecho y el traje nuevo.
 
IV
  
El pulso a punto de reventar.
Las paredes hinchadas no pierden detalle
 
Caballos a motor persiguen cintas
previsoras de batallas de papel.
 
Amazonas.
 
Franqueada de claveles y cruces
sube sola, al álamo.
 
Te invade la flor y el confeti.
 
(La calle Médico Estévez  fue conocida
en el pasado como calle de La Carrera).
  
V
 
 Era tuyo el nombre de flor indecisa,    
el olor a preso y a cultura, 
y la noche estrecha, rumorosa.
 
Era tuyo el peldaño disfrazado,
el subir con la carga en las espaldas    
y el corazón a ritmo de caballo.
  
VI
Voló el tiempo de los niños,
las manzanas y carpetas bajo el brazo.
Cruzaron al trote los años.
Las madejas y los nervios de tu estirpe
cruzaron Cruces tachando
hasta tu nombre corto y primogénito.
 
El marqués mueve su fusta.
 
(La calle de la Cruz se corresponde
con la céntrica calle D. León y Castillo, Marqués del Muni).
 
 
VII
Se oyen risas.
La bruma acuosa y pesada, gotea.
Los niños marchan junto a la acequia.
Salpican juventud dichosa y líquida.
 
Las mañanas que suben por
En medio descienden felices.
Lisiados cauces que nadie recuerda
palparon la llegada del estío.
 
Ahora, el cemento cubrió la piedra,  
la idea a la inocencia.
No es privilegio tuyo la gota deslizada.
Se oyen risas.
 
(La Calle del Agua es hoy en día
Luis Suárez Galván).  
VIII
Habla el tiempo distendido, pasajero del vuelo de tu Historia.
El silencio pesado se adueña de los Álamos,  
el calor sofoca las ramas.
Lentamente va marcando el ritmo Luján.
Una plaza: centro y Guía
de un microcosmos casi eterno.
De corazón baldosado, la piedra más tierna acoge a los primogénitos.
Han declinado regímenes y monarcas.
Murió la barrera que separa la baldosa de la tierra.
Baldosa sofisticada de bota alta.
Tierra simple de hambre sin velo.
El reloj giró a otro cuadrante,
al mismo ritmo, en la misma dirección.  El cuadrante del laurel,
donde sigues siendo infatigablemente abrigo.
La arboleda cubre una hermana soltera, muda, lindante,
poblada por generaciones de Quintanas,
cobijando en su interior la esperanza
que se asoma a un balcón emblemáticamente antiguo.
 
Admirarte, Plaza de Los Álamos       
¡ perenne!
Han venido desde lejos
¡Deja que te vean, engalanada, madura, seductora!

NOTA:

Estos versos prodigiosos fueron justamente ganadores del concurso de poesía convocado en los VII Juegos Florales que inundaron nuestra ciudad en 1996. No sabía cómo llegar hasta ellos, pero para satisfacer estos humanos anhelos, afortunadamente, contamos con Sergio Aguiar. La Antología no tendría tal condición sin ellos. Seguro. Fueron escritos por unos jóvenes Moisés Suárez Pérez y Jonás Vega Morera, cuando ambos contaban con tan sólo veinte años de edad. Y digo tan sólo porque si no supiese quiénes fueron sus autores y la edad que alcanzaban entonces, juraría, sobre la espalda de cualquier dios despistado, que fueron concebidos por personas aderezadas de una madurez y sensibilidad impropias de su edad.  Retratan magistralmente los principales escenarios de Guía, sus calles, plazas y personajes inoxidables con una perspectiva de indudable condición y profundidad poética. 


Diciembre de 2007.
Javier Estévez.


Santa María de Guía

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