Cenobio: granero o convento?
sábado, 28 de abril de 2007
Sobre el Cenobio de Valerón

Siempre he mantenido el criterio que las denominadas Cuevas Canarias de Guía de Gran Canaria -uno de los vestigios guanches más importantes de Canarias-, han sido mal catalogadas por los historiadores y estudiosos, ya que siempre han dicho que se trataba de un granero o silo, de lo cual discrepo, y para ello me baso en que la estructura o formación de las mismas, no guarda relación con un gran salón o almacén donde se pudiera guardar granos o piensos a modo de los silos que hoy conocemos. Por Juan Dávila-García.

Llamado también Cenobio de Valerón, estimo que tal denominación es la más acertada, ya que cenobio –valga la redundancia-, del latín “coenobium” y este de griego “koinobion” de koinos común y bios vida. Si hacemos la correspondiente interpretación de ambas palabras tendríamos como resultado la posible expresión de “vida en común” y donde se practica esta forma de convivencia principalmente en los conventos, de ahí que siempre me haya inclinado –como razonamiento más creíble- pensar que las cuevas canarias fueran un templo o lugar de recogimiento donde las vestales, sacerdotisas y princesas se recluyesen para purificarse o para desarrollar oráculos o sacrificios. Las “cenobitas” como así se denominan a las que habitan en un cenobio podrían ser las habitantes oficiales de este lugar reservado exclusivamente para miembros femeninos de la nobleza.

 Cuando era un joven aventurero mis visitas a las cuevas canarias acompañado por mis amigos fueron innumerables –ciento de veces o quizás mas-, allí nos concentrábamos para jugar, hacer comilonas o simplemente para recorrer una a una aquellas cuevachas de impresionante construcción. Incluso algunos miembros de la pandilla les dieron nombres a muchas de ellas, tales como el campanario, confesionarios, celdas, etcétera. Recuerdo que un día mirando y rebuscando por toda la zona, nos encontramos con una gran cueva la cual constituía una gran planicie –en su interior-, pudimos observar que la misma estaba muy bien conservada que y al fondo de la misma a modo de un ara (altar) había una piedra plana de grandes dimensiones, aquellas enorme cueva de difícil acceso ya que esta ubicada en la parte más alta de todo el recinto, y a donde se accedía por un pequeño hueco de aproximadamente de 1,50x1,50 centímetros, nos impresiono bastante y nos dio que pensar –se sabe que los jóvenes son muy atrevidos- sin amilanarnos con hachones de tea encendidos recorrimos todo el habitáculo y al ver las características del mismo le pusimos el nombre de sala de oración o de reunión e incluso pensamos que podía tratarse de un refugio para resguardarse de los peligros que pudieran venir de fuera.

 Por otra parte se dice que la Princesa Guayarmina, se arrojo desde el morro hacía el barranco de San Felipe huyendo de un caballero castellano. El citado morro en aquellos tiempos formaba una planicie que estaba unida al Cenobio de Valerón, por consiguiente es lógico pensar que la tal princesa habitara en el cenobio por alguna circunstancia especial o que allí tuviera su residencia oficial. Muchos investigadores eluden hablar de este tema tan controvertido, mientras que otros siguen empecinados en darle a las cuevas canarias la denominación de granero o silo, cuando realmente su contorno tiene más similitud con un convento o templo.

 Mis amigos y yo –como ya he manifestado-, fuimos testigos de excepción a finales de los años 40, de la imponente realidad del cenobio que a nuestro modo de entender conservaba con bastante originalidad la ancestralidad de tan elocuente estructura, en aquellos tiempos el rusticismo del lugar era evidente, hoy posiblemente dada la intervención de la mano del hombre le haya restado la belleza natural de entonces cosa que me parece muy lógica, ya que acceder desde la carretera hasta el entorno de las cuevas era harto difícil ya que el camino existente, era un vericueto casi intransitable. Hoy el turismo ha hecho que el acondicionamiento de la subida a las mismas revista unas condiciones totalmente distintas. En nuestra juventud todo el entorno de las cuevas tenía un aspecto salvaje y ahí radicaba para nosotros el encanto del lugar lo que hacía que nuestras visitas a las mismas fuera todo un episodio por todo cuanto hacíamos en el interior de tan noble recinto, donde sentíamos el morar de nuestros antepasados.

Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla


Modificado el ( sábado, 03 de enero de 2009 )